Ví prenderse dos candelas
el ocaso desdibujaba
redondeles de acuarela
junto a la encina más alta del pedregal
y desde allí rebuznó unicornios
más allá de la bahía
aún se podía apreciar las estrellas
que contorneaban la silueta de un saltamontes
haciéndolo que pareciese gigantesco
en eso ambas teas crepitaban
a contrapelo
parecían encenderse juntas
pero juntas se apagaban satisfechas
como los polos del imán,
cuando se complementan
deja de tener sentido que atraigan
o repelan
así ví consumirse sendos lirios
así se desprendían las candelas,
las últimas de la encina
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